Desde plumas hasta algodón blanco en vestimenta ancestral

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Los característicos huipiles,  confeccionados en algodón y decorados con imágenes de animales y plantas nos remontan a la vestimenta de nuestros antepasados.

Los hombres solían vestir una manta o tilmalli, una especie de tela amarrada al cuello que colgaba por la espalda en forma de capa; y también está el maxtlat o taparrabo,  de color rojo, el cual iba amarrado a las caderas.

La personalidad de las divinidades estaba contenida en la vestimenta así el Dios al cual se le brindaba homenaje encarnada en los hombres de acuerdo con los vestidos que portaban.

El blanco y negro refleja al guerrero del Mictlán, del inframundo.

Las plumas representaban las batallas: cada pluma agregada significaba subir de rango; ahora, las peleas son un poco más espirituales, son las batallas que logras vencer en ti mismo. Es cuestion de superación.

Las plumas son receptoras de energía, es tratar de estar más cerca del Cosmos, de la  unión con la naturaleza, con la astrología, con las estrellas, con el sol. 

El traje de los danzantes, en el caso de las mujeres, portan el llamado penacho, cuyo nombre correcto es corona o tocado precioso.

Cada pieza, cada ticado, cada accesorio es en honor a la divinidad; es atraer la energía y el rendir un homenaje a nuestros antepasados.